Revista EL COLECTIVO

Revista EL COLECTIVO

lunes, 28 de febrero de 2011

CHARLA CON LOS INTEGRANTES DE LA MURGA "LA MAL PARIDA"

“ASADITO CON CHIMICHURRI DE SUEÑOS Y NUNCA MÁS AL SILENCIO ARRASADOR”
POR FERNANDA PUGLISI




La murga La Malparida surge en nuestra ciudad en el año 2003. “Impulsada por militantes sociales y estudiantes universitarios, como una forma más de mostrar algunos aspectos de la realidad de aquel momento.” Mientras ensayan pensando en la próxima presentación, charlamos sobre el espíritu de este grupo de voces masculinas, que aclaran sus gargantas y alzan su canto en cada escenario.


Para juntarse a cantar, para encontrarse, para debatir, para acordar. La puesta en escena es fundamental, colores, muchos colores, maquillaje, purpurina, telas, diseños y hasta una coreografía, ni hablar de un buen sonido. Son varios los aspectos que deben tenerse en cuenta, pero ese momento, el de subirse a las tablas, es sublime e intransferible. El mensaje echa a rodar junto con el ritmo inconfundible y la despedida es triunfal.
La Malparida recorre diversos escenarios y ya tiene varios años de pasos andados.
En sus comienzos, en el año 2003: “La situación nacional y provincial en particular, con el gobierno de Montiel, marcaron la necesidad de expresarse de un modo complementario al que cada uno de nosotros sostenía en sus espacios habituales. En ese contexto nació esta murga malparida”. A lo largo de estos años, han pasado por su formación numerosos integrantes, algunos permanecen, otros se han ido. Actualmente está compuesta por nueve voces, un director escénico y tres percusionistas. Ellos son: Leandro Angelino, Pablo Cabrol, Danilo Alegre, Marcos Priolo, Facundo Peralta, Américo Salomone, Javier Ríos, Federico Picot, Ramiro González; Santiago Gutiérrez, Agustín Musante, Gustavo Gamboggi y Julián Cavallo. “Esas voces -agregan- están acompañadas por una guitarra y la típica batería de murga, compuesta por bombo, platillos y redoblante” Además han usado otros instrumentos como cajón peruano, cuerda de tambores, congas, bongó. Para los integrantes de Lamalparida “Lo rico está en las variantes que permite el género para crear momentos o situaciones dentro de un espectáculo con otros elementos”.

MURGA QUE HAS DE CANTAR
¿Cómo se habrá dado esta confluencia, este gusto común por la murga? “La murga como género reúne lo musical y teatral; en esa expresión las letras de sus canciones y la puesta en escena conjugan la crítica y la sátira, el humor, la reflexión. Intentar crear un espectáculo de murga nos pone de cara a sacar de nosotros lo que a veces se oculta, a inventar mundos donde es posible decir “todas las cosas” que se quieran decir. Armar y desarmar personajes entre la ironía, el delirio, el maquillaje y las ropas. Hacer murga es jugar creando una ficción de la realidad a la que ponemos en debate. Es construir otro relato, otra noticia, otro texto, otra canción. La murga para nosotros es el ejercicio constante del trabajo grupal, del debate y la multiplicidad de formas de ver las cosas que en algún momento deben tomar una forma única, grupal. Es un ensayo constante por ensamblar los tiempos, los ritmos, los intereses, las apuestas, las ideas, las alegrías, las penas de cada uno de los malparidos. Como todo proceso grupal, es reflejo tanto de lo horizontal como de lo vertical, pero siempre de lo pasional, en sus disímiles formatos.”
Encontrar el tiempo para la reunión no es tarea fácil. Cada uno tiene sus ocupaciones. Ese espacio o tiempo es a su vez una usina de intensidades, la reunión potencia, permite la creación y recreación de las puestas de la murga. A pesar de la vida y de sus múltiples compromisos La Malparida halla huequitos en lo cotidiano para juntarse, para preservar ese momento y aprovecharlo al máximo.
Ellos definen con el término “complejo” al proceso de trabajo en todos sus sentidos: “Nuestras variadas experiencias personales, laborales, familiares, políticas marcan el andar de cada momento de creación conjunta. La discusión y el intercambio merodean constantemente las jornadas de trabajo lo cual nos desafía a encontrar los puntos que contengan las miradas y los intereses de todos sus integrantes. Esta tarea es, por instantes, armoniosa y por horas caótica. Ensayamos por lo general a la tarde-noche en la casa de alguno de nosotros ya que aún no conseguimos lugar de ensayo. La espera mientras todos vamos llegando transcurre entre mates y charlas de lo sucedido en los últimos días. Cada ensayo tiene sus particularidades; en algunos tenemos más cosas por resolver de funcionamiento, en otros nos dedicamos a escribir o pensar temas que darán contenidos a las canciones, en otros cantamos todo el ensayo, en otros mezclamos un poco de todo. Pero la murga no es sólo aquellos que cantan, actúan y se encargan de la percusión; son también quienes se van sumando con alguna tarea como ayudar en el vestuario, maquillaje, ejercicios teatrales, arreglos vocales, entre otros.”

LOS MALPARIDOS
Está claro que deben existir criterios éticos y estéticos, de lo contrario no se podría pensar o diseñar un espectáculo. El trabajo en equipo requiere de paciencia, coordinación y una gran convicción. No es tarea sencilla llegar a un acuerdo entre tantas almas, pero también ahí está lo rico y jugoso del asunto. “Podemos decir que nuestra ética y estética están dibujadas por la contradicción. Porque somos malparidos; porque somos contradictorios cotidianamente y eso intentamos mostrar en nuestros espectáculos. Hacemos de lo estético y en lo estético aquello que sentimos-pensamos-deseamos. Buscamos hablar y decir de todo aquello que nos interesa sin hacer excepciones, nosotros incluidos. Partimos de la idea que aquello que el público va a ver, a escuchar es, en primera instancia, lo que pensamos de nosotros mismos. Los contenidos de los espectáculos van cambiando, pero en cada uno de ellos intentamos tomar desde el inicio nuestras miradas al respecto; las idas y vueltas que experimentamos cuando necesitamos tomar posiciones sobre algo. En ese proceso nos vamos dando cuenta que nosotros y la gente, se ríe, emociona, reflexiona a partir de -nada más extraño- que lo cotidiano. Allí encontramos el sabor de lo malparido; en la exposición cantada y actuada de las cosas que nos suceden cada día.”
Al parecer no hay preferencias de escenarios o de determinado público, lo que sí es fundamental: un equipo de sonido que les permita “gritar menos de lo habitual y que la gente y nosotros podamos escucharnos mejor”. “Lo que tenemos es la contradictoria claridad que no podemos estar en todos lados y que como grupo podemos apoyar las incesantes manifestaciones culturales o sociales en las que nos inviten a participar, pero no siempre podremos estar. Aprender a decir “no podemos ir a actuar” sigue significando preguntas para nosotros pero también el reconocimiento de la realidad en la que nos encontramos cada uno, formando un conjunto. No siempre podemos estar donde quisiéramos estar; eso no significa no estar presentes.”
Otro eje fundamental es el temático. El contenido de las letras dentro de la murga es su columna vertebral. Así lo expresan los malparidos: “Generalmente cuando empezamos a pensar la idea de un espectáculo recurrimos a buscar un eje temático a partir del cual después podamos delirar e inventar las conexiones que se nos ocurran. Podemos pensar que la idea base es, por ejemplo, el amor. De ahí en adelante buscamos conectar la ropa colgada al sol con el amor. A veces con más mediaciones, otras veces a saltos vacíos. Esa es la magia de armar los temas; pensar que funciona de la misma forma que nuestras vidas donde por un instante nos ausentamos en la burbuja del amor y al mismo tiempo sentimos el lavarropas que ha finalizado su trabajo y no queda otra que colgar la ropa al sol. Escribimos de formas totalmente diferentes. Hacemos ejercicios de escritura colectiva, puestas en común, pero en general se escribe individualmente y luego se comparte y discuten impresiones en el grupo. De alguna manera la escritura siempre es colectiva aunque se reconozca en ellas las particularidades de quien metódicamente lo realice.”
Para los integrantes de La Malparida el momento más difícil y a la vez el más excitante es ese del inicio donde la imaginación y la ansiedad no tienen límites. Ahí aparecen incontables ideas que vamos diciendo juntos y alguno anota en algún papel, y las voces empiezan a subir su volumen porque cada uno quiere que el resto escuche lo que piensa. Es un buen momento que luego empieza a tener sus gratificaciones cuando las conexiones que se buscan van lográndose y también los bajones, cuando la creatividad hace parates y nada parece tener que ver con nada; y aun cuando nos guste así, tampoco cierran las ideas. Es el trabajo constante el que va ordenando el desorden para que el desorden final nos siente bien. La música, las letras, la puesta en escena, la batería. El maquillaje y el vestuario para esas ideas, todo va tomando forma de a poco y cuando se presenta, se canta, se muestra y parece que está todo listo, por suerte siempre hay alguien que dice: ¿y si acá hacemos otra cosa?. Por eso siempre un espectáculo sigue siendo proyecto para nosotros.”



EL LADO SINUOSO DE “LA REALIDAD”
¿Existe verdaderamente la libertad de expresión? ¿Es que de verdad podemos decir todo lo que pensamos, sentimos o creemos? Los integrantes de La Malparida pasaron por una experiencia que indica que, lamentablemente, en ciertos lugares y contextos no podemos. “En el 2008 fuimos censurados por SIDECREER (Sistema de Crédito de Entre Ríos) cuando estábamos armando un espectáculo en conjunto con La Clave -una banda santafesina- en el marco de la semana de la memoria. Se nos pidió un demo de la murga para hacer difusión pero también una copia de las letras del espectáculo que íbamos a presentar, con la intención de rastrear en qué cosas la murga “atentaba” contra el gobierno de (Jorge P.) Busti. El argumento fue que no podíamos decir cosas que ataquen al gobierno de quién dependía la institución que iba a solventar el espectáculo. En ese momento cancelamos la idea y también hicimos público por diferentes medios lo que había sucedido, para que no quedara entre las cuatro paredes. Costó mucho darnos cuenta lo que en verdad había sucedido. Hablamos constantemente de las censuras ocultas, desdibujadas, de las violencias cotidianas que se sienten menos porque no ataca sobre lo físico. Darnos cuenta, escritorio de por medio, de lo que nos estaban diciendo aún hoy nos cuesta pensarlo, e imaginar cuántos de esos escritorios siguen marcando los rumbos de las expresiones humanas.”

DE SALDOS Y RETAZOS
El camino recorrido está plagado de imágenes, de escenarios, luces y colores. Sin embargo ellos recuerdan como si fuera hoy su actuación inicial: “Lo primero a contar es el insoportable calor que hacía ese día. Esa mezcla paranaense de calor extremo y humedad absoluta en los finales de junio de 2005. La escuela de música fue el escenario, compartido con los Runruneros de la Orilla. El debut encontraba una sala explotada de gente, con más de 600 personas. Y allí estábamos, con las caras chorreadas de pintura, las ansiedades, los miedos. Con los “camisones de colores” que eran nuestros primeros trajes. En frente, tantos rostros conocidos y desconocidos que alentaban un nuevo esfuerzo colectivo. Fue una noche increíble; de esas que no desaparecen.”
De aquella noche “pegajosa” típicamente paranaense a hoy, al presente: su espectáculo Saldos y Retazos conjuga todo lo que venimos hablando. “Hacía dos años que la murga estaba en silencio y logramos remontar el barrilete. En esos intercambios primeros nos pareció que la mejor idea era hablar de los retazos de tantos intentos cotidianos y de lo que se puede volver a hacer con ellos. Ahí empezamos a diagramar y proponer ideas hasta terminar la primera parte del espectáculo que mostraremos completo el año que viene. Pensamos que así como uno inventa con la comida que le quedó del día anterior, también en la murga inventamos con lo que nos queda junto con lo nuevo que uno le pone a esa comida. Y de alguna manera buscamos ubicar al intento en la agenda pública como un tema que nos permita celebrar los logros, los casi logros, los proyectos sin culpabilizarnos tanto y disfrutando también el tiempo en que hay que dar forma a los retazos. Lo que podrán ver por este tiempo es un cuplé sobre “intento de identidad nacional”. El bicentenario fue y es un punto en el que nos detenemos a debatir”.
¿Cómo es recibida La Malparida, cómo es tratada por el público local? Ellos sostienen que: “El público es lo más importante que sucede en ese momento, en el que se muestra un espectáculo. La atención, las risas, los silencios, las miradas nos ponen en una complicidad indescifrable pero que sucede.” También han intercambiado con otros grupos y tenido gran variedad de públicos: “Recientemente compartimos el espacio de Música en el Auditorio, en la Facultad de Ciencias de la Educación con las murgas santafesinas Príncipes de Momo y Rezonga la Ronca. Estos encuentros fortalecen las apuestas grupales, incentivan la creatividad y abren el juego a posibilidades de salir de uno mismo como grupo y salir también a otros lugares a encontrarse con otro público”.
A la hora de recordar algunos momentos “los malparidos” comparten dos anécdotas en particular que van en el sentido anterior de la censura; “De éstas nos pudimos reír un poco más que de la anterior.” dicen y comienzan con sus relatos: “Hace unos años, cuando estábamos haciendo la difusión de una presentación, uno de los hijos de un integrante de la murga lleva un afiche a su escuela y cuando pide permiso para pegarlo la directora lo mira, lo lee y aclara que se lo deja pegar pero si dobla el papel en la parte que decía La Malparida; pues se trata de una mala palabra. Comentario al margen, hoy nos preguntamos si esta señora no estará mirando la tan famosa novela televisiva que nos copió el nombre (risas)”. En otra ocasión, aconteció que: Una noche de verano cuando estábamos ensayando en la plaza detrás de casa de gobierno, por Rivadavia y Córdoba, en pleno canto, se acercan dos policías recién bajados de sus patrulleros y nos piden que dejemos de cantar porque en el edificio de enfrente (casa de gobierno) les molestaba. Se fueron; seguimos cantando. Volvieron, ahora eran tres. Uno exponía su arma, otro miraba y el tercero, que según él era jefe y lo habíamos sacado de su lugar de trabajo por nuestro desacato, nos intimidó –previo descargo nuestro de por qué- diciendo que teníamos que dejar de cantar porque “la libertad de expresión termina a las 10 de la noche”. Comentario al margen (risas).”
Por suerte, los proyectos continúan, como las ganas de cantar, el deseo irrefrenable de contar, las ganas de compartir. Nuevamente el espectáculo echa a rodar, las pinturas, las telas de colores, las luces, as gargantas puestas a punto. El sueño es el de siempre: “Asadito con chimichurri de sueños y nunca más al silencio arrasador”

Contacto en Facebook: La Malparida Murga.
FOTOS: Cristian Portela

NOTA PUBLICADA EN REVISTA EL COLECTIVO Nº 32

No hay comentarios.: