Revista EL COLECTIVO

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domingo, 8 de enero de 2012

ENTREVISTA EXCLUSIVA CON EL EX FISCAL JULIO CESAR STRASSERA:



“EL GOBIERNO DESCONOCE EL JUICIO A LAS JUNTAS PORQUE NO PUEDE APROPIARSE DE ÉL”
Por Gilda García y Osvaldo Quintana


Un 22 de abril de hace 26 años comenzaba el Juicio a las Juntas Militares: hecho único en el país y en el mundo donde se lograban condenas ejemplares para quienes habían secuestrado, robado, torturado, desaparecido y matado a miles de ciudadanos argentinos. Aquella era la primera vez que se condenaba a una dictadura.
Julio Cesar Strassera, fiscal de la causa por ese entonces, es uno de los tantos que carga en su memoria las palabras quemantes de las víctimas, familiares y testigos de lo que fue el accionar del terrorismo de Estado. Es también un símbolo de la historia honrosa de nuestro país, porque no es un hecho menor saber que hubo un crimen y hubo un castigo, que existió una condena por la cual ya no serían posibles el olvido y el perdón.
Julio Cesar Strassera es además el hombre que hace 26 años, con sencilla solemnidad, se plantó frente a quienes habían sido los dueños de la vida y de la muerte. Es también quien pronunció en su alegato esas palabras finales que dieron la vuelta al mundo: “Nunca Más”.
Tal vez por eso, y pese a los años transcurridos, para muchos de nuestra generación y para la historia toda, este hombre, campechano y sin vueltas a la hora de dialogar con EL COLECTIVO, continúe siendo “el fiscal Strassera”. Aunque ya esté retirado de la vida pública y para él alcance con ser recordado tan solo, “como un funcionario judicial que cumplió con su deber”.


A seis días de asumir el gobierno, en diciembre de 1983, el presidente Raúl Alfonsín borró de un plumazo la denominada “Ley de Autoamnistia” dictada por los militares en retirada.
Poco tiempo después, en abril del 85, los sentó en el banquillo de los acusados cuando aún ostentaban un poder evidente. Los genocidas no tenían intenciones de retirarse en silencio. Contaban con el miedo sordo bajo la piel que nos habían dejado tantas noches de oscuridad y muerte. Por aquel tiempo el país amanecía con amenazas de bomba, levantamientos carapintadas y la presencia latente de un nuevo golpe de estado pisándonos los talones.
Esa democracia acechada era el escenario en que se desarrolló el juicio a las juntas militares. Fueron cinco meses que cambiaron para siempre la fisonomía cultural y política del país. Ya no podría pensarse el presente sin la memoria de esa ignominia. Con los testimonios de las audiencias, muchos argentinos supimos del horror que, hasta ese momento, sólo sospechábamos. Ahora ya no volveríamos a ser los mismos.


- ¿Por qué decidió ser abogado?
- Bueno, esa es una elección. Yo tengo muchas dudas respecto a las vocaciones. Siempre digo, “cada vez que veo el puente de Brooklyn, tengo una vocación de ingeniero bárbara”. Es una elección. Cuando uno tiene más inclinación para las humanidades elige una carrera relacionada con las humanidades.

- ¿Cuándo comenzó a enterarse de lo que sucedía en el país durante la última dictadura militar?
- Nosotros empezamos a sospechar que estaban ocurriendo cosas, no sabíamos la gravedad del asunto. Pero que había personas privadas de la libertad lo veía, porque era funcionario judicial, recibía los habeas corpus y eran todos negativos. Ahora, lo que no sabíamos era la gravedad, como mucha gente no lo supo durante años en la Alemania nazi.



- ¿Qué recuerdos tiene de aquel período?
- Yo, como le decía, era funcionario judicial y vivía de mi escaso sueldo. Como no tenía ninguna actividad política tampoco podía ser víctima de ningún tipo de persecución. No se olviden que en mi época los funcionarios judiciales no podían ser ni siquiera afiliados a un partido político determinado. Así que mi vida se deslizaba más o menos tranquilamente, sin angustias ni persecución.

- Pero seguramente conocía de algún amigo, pariente o vecino…
- Sí, varios amigos, por supuesto. Algunos hasta se exiliaron. Incluso en la época de (la presidente) María Estela Martínez de Perón, antes de la dictadura, hubo abogados amigos que revalidaron el título y se fueron a España, porque acá estaban perseguidos.

- ¿Qué rol cree que tuvieron los medios de comunicación durante la dictadura?
- Hubo medios que fueron francamente colaboradores mientras que otros estaban muy controlados y perseguidos. Entonces debían cuidarse mucho. Hubo excepciones: el (periódico) Buenos Aires Herald, por ejemplo, porque había un temor internacional. Estaba Robert Cox que denunciaba y publicaba todo lo que quería. Pero eran excepciones. Aparte de eso estaban amordazados. También hubo algunos, tenemos nombre y apellido: por ejemplo el diario La Tarde, dirigido entonces por el actual canciller Héctor Tinmerman, que era francamente un apoyo a la dictadura. Hace poco dijo que se había arrepentido.

- ¿Un poco tarde, no?- Si, un poco tarde. (Se ríe)

AQUI NO HA PASADO NADA
Éramos una sociedad que no pedía revancha. Exigía justicia. Aquel fallo había significado el comienzo de un claro día de justicia y exorcizaba para siempre la idea de que “el silencio es salud”. El fallo conseguía que treinta mil desaparecidos se constituyeran en treinta mil historias recuperadas para el devenir de la historia. Leyes posteriores, como las de “punto final”, “obediencia debida”, hasta el infame indulto, no lograban evitar la condena social por los crímenes de lesa humanidad que vieron la luz durante aquel histórico juicio, hoy ocultado y ninguneado por el poder. Porque para el gobierno en ejercicio, la defensa de los derechos humanos comienza en marzo del 2004 con la teatralidad de descolgar un cuadro en el Colegio Militar.
Promediando la década del 80, los genocidas eran bestias cebadas, sedientas de revancha y sabedoras del terror que aún provocaban en la sociedad.
En cambio, a comienzos del nuevo milenio, esas bestias son solo animales viejos y desdentados, temerosos de la mirada acusadora de una sociedad que no olvida, con la proximidad de una muerte sin la gloria soñada.
Hoy la historia se cuenta a retazos, dejando afuera lo que no encaja con el relato oficial implantando en la conciencia colectiva el recuerdo ficticio de una abnegada, comprometida e inexistente militancia setentista.

¿Cómo analiza el hecho histórico que lo tuvo como uno de los principales protagonistas, 26 años después?
Es importante la pregunta. Yo considero que es el hecho más importante de toda la historia de nuestro país, con prescindencia de que lo hayamos hecho nosotros. Siempre digo, que alguien lo hubiera hecho mejor o peor. Pero tuvimos que hacerlo. Es la única vez que se sentó en el banquillo de los acusados a quienes detentaban la suma del poder público. No se olviden que, pese a que había un gobierno democrático, la mayoría de los represores estaban en la plenitud de sus poderes todavía. El hecho es único. Es tan único que de no haber existido ese juicio no hubieran podido existir los de ahora, de lo que tanto se vanaglorian algunos funcionarios.

Parece que todo hubiera empezado hace cinco o seis años. Hacen borrón y cuenta nueva.
Si, si. Lo desconocen a propósito porque no se lo pueden apropiar. Por eso lo ignoran. Yo les doy un dato, cuando se inauguró el Museo de la Esma, el ex presidente Kirchner dijo que la democracia estaba en deuda desde hacía 20 años con los derechos humanos. Ignorando totalmente que había existido un juicio.
El año pasado, cuando se cumplieron 25 años del juicio, muy pocos medios lo recordaron.
En Capital, Clarín y Nación, actuales enemigos del gobierno, le dieron una cobertura muy amplia, fueron los únicos prácticamente. Es una cosa alarmante que esto se desconozca. Es un juicio único en la historia. Nunca hubo una cosa así.
Se podría hablar de Núremberg pero fue diferente.
Es muy diferente porque fíjese, en el juicio de Núremberg, este juicio partió de las mismas necesidades morales de aquel pero, desde el punto de vista jurídico, fue superior. Fíjese que el juicio de Núremberg fue agriamente criticado nada menos que por Don Luis Giménez de Azua, presidente de la corte de la republica española, un hombre socialista, bien de izquierda. Y en su tratado dice horrores del juicio de Núremberg: tribunal del vencedor, aplicación retroactiva de la ley penal, violación del principio de principio de nulum crimen, nula pena, giemelé. Nada de eso pasó aquí. Fíjese que fueron juzgados por un tribunal que tenia cien años de existencia en el país y por el código penal vigente desde 1922. No fue un tribunal especial ni un tribunal del vencedor. Quiero hacer otra comparación, con el juicio de los coroneles griegos. Ese juicio fue hecho por un tribunal militar y fueron condenados por traición a la patria, nada más. Acá fueron condenados por delitos comunes. Esto fue único en la historia. No es ninguna jactancia. Esto obedeció a una decisión política.
Que no habría que olvidar.
Sí. Exacto.
Tampoco habría que olvidar que Alfonsín, a los pocos dias de asumir el gobierno, declaró nula la autoanmistía de los milicos. Había que estar en ese momento, porque ahora es gracioso.
Usted fíjese que el candidato del que es hoy oficialismo, el doctor Luder, decía que la autoammistia era válida.
Luder era el mismo que había firmado el comienzo de la represión.
Si, si.

SABER PARA NO OLVIDAR
¿Qué opina de la fragmentación que sufren hoy los organismos de Derechos Humanos?
Pasa que algunos equivocaron el camino. Fíjese que hace cuatro o cinco años nomas, ninguno hubiera imaginado la posibilidad de que se hiciese una crítica a algún organismo de Derechos Humanos. Sin embargo hoy la gente los critica. Creo que han equivocado el camino. Algunos se han politizado demasiado. Y si se politizan, se fragmentan.
Doctor, cuando le ofrecieron ser fiscal en el juicio a las juntas, usted dudó un poco.
Lo que pasa es que a mí no me ofrecieron ser fiscal del juicio a las juntas. Me ofrecieron ser fiscal de cámara. Yo no pensaba ni remotamente que ese tribunal iba a intervenir en el juicio.
Yo dude, porque en ese momento era juez de sentencia y estaba muy cómodo allí. Esto era un cambio pero también un ascenso. Un puesto más importante. Y terminé aceptándolo.

Muchos empezamos a enterarnos de lo que pasaba en el país a partir de la derrota en Malvinas…
Exactamente. Otro dato fundamental que creo es merito del juicio, es que la gente empezó a enterarse de ello con el juicio. Mas allá de las sentencia s, y esto es lo más importante, el juicio sirvió para esclarecer. Hoy ni los mismos partidarios del Proceso dudan de que fuera verdad lo que se estableció en el juicio.
Es así, pero ninguno sabía la magnitud del genocidio.
La magnitud no se sabía. Escúcheme, estábamos acostumbrados desde el año 30 a que había un golpe militar. Yo pasé varios. En el 30 no había nacido pero, naci en el 32 así que desde el 43 en adelante, cayeron presidentes como Castillo, Frondizi , Illia. En fin…
Era como algo inevitable.
Exacto, era algo inevitable. Pero nosotros pensamos, y todo el mundo pensó, que este era un golpe más, como aquellos a los que nos tenían acostumbrados. Y que después iba a haber elecciones y nos iban a prestar el poder como tantas veces hicieron. Pero no sabíamos que detrás de esto había un verdadero plan criminal. Y esto se esclareció en el juicio.
Usted en ese momento debió sumergirse en ese horror…
Y por supuesto, tenía que hablar con los testigos y ver los expedientes.
…y ¿qué sensación tuvo al irse enterando de todo lo sucedido?
Fue atroz. Pero hay una cosa también: yo me propuse tomarlo, aunque era muy importante y atroz, como un juicio común, como un juicio penal más. Porque si me comprometía emotivamente con el juicio no hubiera podido llevarlo adelante. Yo ya era fiscal de cámara y estuve el mismo día cuando Ernesto Sábato como miembro de la CONADEP entregaba al doctor Alfonsín el informe del Nunca Más. Ahí comprendí la magnitud de lo que era esto.
Como hacía en lo cotidiano después de cada jornada del juicio, llegaba a su casa, comentaba lo que había sucedido con su familia…
Llegaba a casa, charlaba, lo comentaba. Yo trate de seguir haciendo mi vida común, era muy difícil pero seguí yendo al café de la esquina, continué caminando sólo por la calle; pero no por valentía ni por coraje, ni mucho menos. Sino porque, vea, cuando alguien quiere hacer algo es inevitable. Como dijo alguna vez Balbín: “Yo no tengo custodia porque tengo miedo”. A Indira Gandhi lo mató su custodia. Traté de continuar la misma vida que llevé durante toda mi función judicial.
¿Qué hecho o testimonio fue el que más lo sacudió, el que más recuerda?
Yo recuerdo muchos. Pero, por ejemplo, le puedo dar dos o tres, uno Floreal Avellaneda, un chico que fue hallado su cadáver en jurisdicción uruguaya, en el río, el día que cumplía 15 años, empalado y torturado…




Yo leía por entonces EL DIARIO DEL JUICIO y luego de ese testimonio tuve que dejar de hacerlo porque se me hizo casi insoportable.
Fue terrible, pero hubo otros. Hubo un individuo que relató y causó mucha gracia, nos reímos todos, hasta los jueces. Dijo “Me robaron desde los calzones de mi mujer hasta el magiclick de la cocina”. Después hubo otra señora que dijo: “Señores jueces, a mi hijo lo sorprendieron armando una bomba - no dijo mi hijo era la virgen María- yo quisiera saber señores jueces si mi hijo no merecía un juicio como este. Me devolvieron una bolsa de huesos”. Esos son los testimonios que recuerdo y por supuesto no puedo olvidar.
Durante el juicio a las juntas la sociedad acompañaba y empujaba. ¿Cómo la ve hoy respecto a los juicios que vienen llevándose a cabo?
Vea, está más tranquila. En general, la gente los aprueba, pero no está pendiente de que es lo que pasa como sí lo estaba en aquel tiempo donde había colas para ver las audiencias.
¿Por qué cree que sucede eso?
Bueno, precisamente, porque luego de un juicio tan importante ahora es normal, no es nada extraordinario.
¿No influirá también el uso y abuso sobre el tema que viene realizando este gobierno?
Creo que los están prolongando innecesariamente con una finalidad propagandística. Porque esos juicios hace rato que debieran haber terminado. Hay un proyecto de ley muy viejo, de más de tres años, presentado por los doctores Andrés D´Alessio y Ricardo Gil Lavedra destinado a abreviar estos juicios. Todavía está cajoneado. El congreso jamás los trató. Porque no les interesa abreviarlos. ¿Cómo es posible que Videla deba comparecer hoy en Comodoro Rivadavia, mañana en Córdoba, pasado en Santa Fe? No, esto hay que unificarlo y hacer una condena ejemplar y rápidamente. Y terminar con esto.

"LOS ESCLARECIDOS"
¿Por qué cree que el gobierno sobreactúa en el tema derechos humanos cuando se conoce públicamente que ni siquiera presentaron un habeas corpus y se dedicaron a hacer dinero?
Jamás lo hicieron. Especialmente el matrimonio Kirchner que eran abogados. Le digo, hasta Menem presentó habeas corpus. Yo tuve casi todos los habeas corpus a la vista, jamás vi que se preocuparan. Pero ellos sobreactúan porque les da rédito político. La gente quiere condenas por esos hechos que fueron gravísimos.
¿Por qué creen que nadie les pregunta demasiado sobre esa época?
Esas son cosas inexplicables. Hay ciertos intelectuales que saben claramente que hoy existen hechos atroces de corrupción. ¡Ah, bueno pero ellos defienden el modelo! Entonces, es “apoyo crítico”. Yo no lo entiendo ni tampoco voy a entenderlo ahora. Creo que eso deberían preguntárselo más a un sociólogo que a un abogado.
¿Continúa militando en la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos?
Sí, continúo. La APDH fue el primer organismo y uno realmente apolítico y multipartidario donde confluían distintas tendencias: desde comunistas, radicales hasta demócrata cristianos, de todas las tendencias.
¿Cómo ve hoy a la justicia y el resto de las instituciones democráticas, el parlamento, por ejemplo?
Vea, creo que bastante mal. Todavía tenemos algunos jueces buenos. Pero existen otros atroces, directamente. Algunos ni merecen serlo. Y lo digo con nombre y apellido: el doctor Oyarbide no debería ser juez porque es absolutamente funcional al poder ejecutivo. Esto es grave. Al Parlamento tampoco le tengo mucho respeto. Yo no soy oficialista, estoy con la oposición, pero con cierta oposición. No con una oposición ventajera. Por ejemplo, yo he visto gente que habló incendios de la ley de medios y luego voto a favor. Mucho bla bla ante los medios para después terminar dándole el apoyo al gobierno. Ese tipo de oposición no me gusta.
¿Tiene alguna opinión formada sobre la Ley de Medios?
Sí. Creo que era necesario que se dictara una ley de medios pero no en la forma en que se realizó, porque está hecha nada más que para controlar desde el Estado. Los organismos de control están en manos del Estado.
Pero dicen que, con la nueva ley, mucha gente podrá tener acceso a decir su palabra.
Hasta cierto punto. Cuando no les guste lo que dicen van a quitarle la licencia. Es grave. Yo creo que es una ley mordaza. Hay varios artículos que ya han sido declarados inconstitucionales por la Justicia.
Aparte es una ley enmarcada en la pelea contra Clarín.
Exactamente, y eso es lo grave. Ellos hablan de monopolio pero fue durante la presidencia de Néstor Kirchner cuando se hizo la fusión a favor de Clarín.
Hablando de las instituciones democráticas, ¿le parece que la gente continua creyendo en ellas?
Yo pienso que en general, la gente cree en las instituciones. Pero se van a llevar una sorpresa desagradable porque todas esas instituciones, especialmente las de control, a pesar que el discurso presidencial es “la institucionalización”, están prácticamente anuladas desde el primer día. Porque no se le informa a la auditoría general, se trabó la fiscalía de investigaciones administrativas, el consejo de la magistratura no pudo reformarse. Son instituciones democráticas que están siendo controladas por este gobierno.
Usted abandonó la función pública luego de los indultos.
Sí. Yo era embajador para los derechos humanos en Ginebra. Me había nombrado Alfonsín. Era embajador político y yo cesaba con su gobierno. El presidente Menem mandó un nuevo acuerdo al Congreso confirmándome en el cargo pero renuncié cuando se dictaron los indultos.



¿Cuál fue su sensación en aquel momento?
Sentí una gran indignación, porque la gente confunde ciertas cosas. Hoy, por ejemplo, se equipara la ley de punto final y obediencia debida con los indultos. La ley de punto final y obediencia debida fueron dictadas luego de dos levantamientos militares. Con los indultos no había reclamo ni social ni sectorial, no lo pedían ni los mismos militares. Tengo mi teoría, pienso que el poder ejecutivo, llámese Menem, quiso quedar bien con ciertos factores de poder que estaban de acuerdo con el Proceso de Reorganización Nacional. Y por factores de poder entiendo, sindicatos, la iglesia y ciertos empresarios.
Usted en algún momento afirmó que los Kirchner debían terminar presos luego de finalizar su mandato. ¿Por qué?
Yo creo que se han cometido delitos desde el Poder Ejecutivo y deben dar explicaciones. Se han archivado injustamente los expedientes. Uno de ellos es el caso del enriquecimiento ilícito que fue archivado prácticamente en una semana por el juez Oyarbide.

LEGADOS
Usted ya pertenece a la historia de nuestro país, pero más allá de interpretaciones históricas ¿cómo le gustaría que lo recordaran?
Como un funcionario judicial que cumplió con su deber. Y esto es mucho decir y mucho aspirar, realmente. Yo he tenido jueces de toda orientación política. Y tuve excelentes jueces. Uno de ellos, por ejemplo, fue el doctor Inchausti, yo fui su secretario. Inchausti tenía en ese momento un acuerdo para camarista en el Senado. Y le metieron un habeas corpus nada menos que en favor del Negro Quieto que había sido jefe de las FAP y luego se incorporó a Montoneros. El llamó a los secretarios y nos dijo: "Muchachos yo sé que van a retirarme el acuerdo, pero estoy convencido y tengo que firmarlo". Y lo firmó. Al otro día le retiraron el acuerdo. Se jubiló como juez pudiendo haberlo hecho como camarista. Entonces, me gustaría que me recordaran de esa manera.

El juicio a las juntas fue un corte abrupto, un antes y un después en nuestra historia de mansa alternancia entre gobiernos civiles y de facto. Fue un quiebre para entender lo que vino después. Con toda esa podredumbre saliendo a la superficie ya nadie podía justificarse diciendo que no sabía, que no había que meterse, que algo habrían hecho.
35 años más tarde continuamos transmitiendo la memoria del horror en un país donde no tendremos beso del olvido para aquella madrugada de otoño. Tal vez sea por eso que desde hace muchos años, cuando llega marzo a estas latitudes del sur, se nos hace difícil esquivar ese dolor antiguo recordando aquel grupo de hombres que, en las peores condiciones de acechanza, sentenciaron que secuestrar, robar, torturar y desaparecer tenía un precio ante la historia. Y que humillar y matar nunca podría ser cosa de hombres.

(NOTA APARECIDA EN REVISTA EL COLECTIVO Nº 32- abril/mayo 2011)

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