Revista EL COLECTIVO

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jueves, 13 de octubre de 2011

PACO URONDO: LA PALABRA EN ACCION

Por Osvaldo Quintana


“Ya es hora de perder
la inocencia, ese
estupor de las criaturas que todavía
no pudieron hacerse cargo
de la memoria”.

(De “Mi tierra querida”)
Hace 29 años, allá por Guaymallen, Mendoza, los asesinos de la última dictadura militar acababan con la vida de uno de los mayores poetas de su generación. A partir de allí, la obra de Francisco Urondo fue sumergida en la oscuridad más profunda. Por estos días en su ciudad natal, Santa Fé, personalidades como Osvaldo Bayer, Horacio Verbitsky, Cristina Banegas o Miguel Bonasso junto a su hermana Beatriz y sus hijos Angela y Javier, entre otros, fueron convocados alrededor de una figura emblemática de nuestra historia. Había sido escritor, poeta, guionista, periodista, militante. Todo eso indisolublemente junto. Hoy, pese a sus libros quemados e inhallables, su palabra se abre paso, silenciosamente, entre las nuevas y viejas generaciones ávidas de entender, de hallas pistas, de saber de aquella historia silenciada, extraviada en algún lugar de la memoria.


Charla con Javier Urondo:
“MI VIEJO ERA UN TIPO COMUN”



Desde el comienzo sé que no va a contarme más de lo que quiera contar. Amable pero reservado, establecerá cercos para el Urondo privado, escogera cuidadosamente sus palabras y dejará algunas respuestas flotando en el aire. Javier Urondo, campera en mano, anteojos sobre el pelo y algunas heridas que con el tiempo parecen ir cerrando, transmite paz. Tiene 47 años, uno más de los que alcanzó a cumplir Paco Urondo, su padre, a secas.

- El viejo siempre fue bastante dividido entre la militancia y su vida cultural. Dividido caprichosamente, como si fueran dos personas. Y bueno, la frase que resume esto, esa de que tomó las armas porque buscaba la palabra justa, es una buena visión. Es cierto todo lo que dice Desaloms (director del documental “Paco Urondo, la palabra justa”) de ese olvido forzado del viejo y esta bueno, como primer paso, reiniciar la discusión de todo lo que fue el proceso de los 70 a partir de algunos personajes que son más conocidos y paradigmáticos.

-¿Cómo ves a esta semana de homenaje a tu viejo? ¿Te parece un reconocimiento?
-Me parece que pueden pasar muchas cosas más allá de la movilización que genera e instala, de alguna manera, la discusión. Cualquier proceso que tenga a bien discutir, me parece que abre un espacio para pensar no para dogmatizar. Y está bueno que la gente empiece a pensar a partir de su propia historia, de su propia vida; y no a partir de no saber cual fue su pasado propio, que es lo que pasó en este país y porque hay algunas cosas que son consecuencia de otras. Poder pensar eso ayuda. El homenaje es como un esfuerzo contracultural al no homenaje constante.



-¿Le hubiese gustado a tu viejo?
-Yo soy un poco crítico de estas cosas. El tema somos los que quedamos, cómo llevamos las cosas, y creo que tenemos que llevarlas con honestidad y con nuestras creencias. Él ya no puede decidir nada, lamentablemente. Yo no me animaría a opinar que es lo que le gustaría. No me corresponde. Es de él y se quedó con él.

-¿Qué recuerdos te vienen a la memoria cuando pensás en él?
- No es el que todos conocen. Es el recuerdo de “mi viejo”, de la vida íntima de un hijo y un padre. No de la pública.

-¿Qué te parece que heredaste de él?
-Algunos problemas (se ríe). No, no sé. Me crié con él. Supongo que debo tener algunos gestos o cosas. Cuando a él lo matan yo tenía 19 años, así que lo disfruté bastante.

-¿Cómo era como padre?
-Muy buen padre y bastante vertiginoso. Era bastante dificil seguirlo en todo lo que estaba haciendo todo el tiempo. Tengo un muy buen recuerdo de él.

-Algunos hijos les han criticado no haberles dedicado más tiempo a ellos.
-Esa es una discusión que, creo, surge invitablemente. Sobre todo en los hijos que no han podido disfrutar a sus viejos porque han sido desaparecidos. Y queda como esta cosa de la disyuntiva entre la revolución y el amor, cual es más importante para un padre. Entonces, el riesgo que se corre es transformar a los viejos en una especie de superheroes. Y la verdad es que eran tipos comunes, como también lo era el enemigo. Tipos que van al supermercado, tienen una familia. Ni los enemigos son monstruos con escamas y colmillos, ni los amigos son paladines de la justicia. Son gente común que toma caminos a veces terribles y a veces un poco más dignos.

-¿Militás en alguna agrupación como HIJOS?
-Tuve un pasaje por HIJOS pero hay un problema generacional. Soy muy grande para HIJOS y, en general, tenía cierto nivel de conflictividad, porque los pibes lo que tienen es justamente que son como el testimonio vivo de algo que no se acuerdan. Yo tenía una gran diferencia: yo sí me acordaba. Así que yo tengo también la sensación de haber sido el testimonio o lo que queda de la derrota. Yo no estaba teniendo la misma vivencia que ellos. Y mi sensación era que las agrupaciones de Hijos en algún momento, como muchas de Derechos Humanos, terminan siendo endógenas y no abarcativas. No trataban de ser organizaciones. Más bien terminaban siendo retroalimentadas y me parecía que no cumplían la función que tenían que cumplir. Ya dejaba de ser una agrupación y pasaba a ser un grupo militante de convicciones. Pero excluía a todos los hijos que no sabían por que eran hijos, ni de historia política ni mucho menos.

-En la película vos hablás como parte integrante de Montoneros en aquel tiempo.
-Yo tuve una militancia familiar obligada. Toda la familia militaba. Era muy chico. Pero a mi casa iba Carlos Olmedo. Yo trabajé, tuve una militancia incipiente en las agrupaciones estudiantiles. A los 16 años yo trabajaba en la estructura del aparato del periódico El Descamisado. Después trabajé en otros proyectos de prensa y estaba inevitablemente involucrado. Corría los mismos riesgos que si no militaba. Tenía que funcionar orgánicamente aunque no militara, como si lo fuera.

-Esa clara postura reflejada en la película sobre la relación pendular entre Perón y los Montoneros, ¿es una visión que ya tenías en ese momento o la fuiste elaborando a travez de los años?
-Creo una cosa importante: yo no cargo con la derrota, no fue un proyecto mío. Por eso puedo tener una discusión desprejuiciada, nada más. Es mi lectura. Tampoco es algo que haya discutido ni contado. Es lo que trato de entender de ese proceso. Lo que no me gusta es convertirlos en héroes ni hacer lecturas forzadas. De los sectores intelectuales yo siempre esperé mayor nivel de pensamiento y esto no ha sucedido después de la derrota. No he visto grandes comentarios de la derrota como para tratar de entender qué cosas se hicieron mal, más allá de la bestialidad del otro lado.

-Una autocrítica.-
Exacto. Y me molesta mucho que el tipo que haya desarticulado más el discurso de la derecha haya sido alguien como Balza. Hasta el día anterior en que habló Alsogaray seguía negando en televisión la existencia de los desaparecidos. El día después en que Balza, con esa cosa tibia, todo lo que vos quieras, dice desde la institución:” Nosotros somos los responsables de las desapariciones de personas y esto se hizo”, desarticula el discurso de la negación. A mí me duele mucho que no haya habido una buena estrategia de discusión y autocrítica de los sectores intelectuales. Más bien hubo un alejamiento de la verdad. Ni se hablaba de la derrota. Hablaban como si hubiésemos ganado algo, cuando en realidad no fue así.
-¿ No tenés la impresión de que acá todo se tira bajo la alfombra, que nunca aprendemos mucho de nada?-
No sé si bajo la alfombra. Creo que la gente a veces no acepta las cosas como son y quiere forzar la historia. A veces es muy cruda la realidad pero es la mejor manera de entenderla, sabiendo que no es complaciente. Es algo que, seguramente, vas a tener que aprender de ella y ver como accionar sobre esa realidad de una manera razonable y posible. No épica ni mágica.
-¿Te pesa esto de ser hijo de desaparecidos?
-Me pesa ser hijo de Urondo. Ser el hijo de.. siempre es complicado. Pero se aprende a vivir con eso. Tiene sus ventajas y desventajas.
-¿Cómo ves a la distancia la militancia de tu padre?
-Yo no tengo una visión crítica porque es una decisión muy personal. Creo que la militancia era un estigma de toda esa generación. Lo llamativo era la no militancia. Hubo todo un movimiento desde los 60 con un discurso muy militante. Incluso de personajes como Noe Jítrik, personajes como Giussani, que después trataron de lavar sus culpas haciendo una lectura forzada de lo que había pasado. El participó en el proyecto del diario Noticias y sabía perfectamente lo que era. Acá nadie es inocente. Participó porque, en algún lugar, creyó que era un espacio de poder posible. Y después vuelve del exilio y se transforma en columnista de Campolongo, en el ATC del alfonsinismo. Yo creo que eso es más dificil para la vida. Esa cosa de haber creido y después decir que no creiste.

¿Qué opinás respecto a a la anulación que se conoció hoy respecto a las leyes de Punto Final y Obediencia Debida?
-Más allá de lo mediático, de lo explosivo y lo bien que vienen para hacer política todas estas cosas, lo que es beneficioso es beneficioso y no lo discutamos. Es una cosa más corriente. Que la DGI vaya a clausurar un almacen cuando en el Mercado Central entran 20.000 camiones sin que nadie los revise y sin que tiren una sola factura, tiene que ver con la falta de simetría de la ley en este país. Que haya tipos que se afanaron un par de gallinas y que esté Massera yendo al Super... son esas cosas de las asimetrías o de la duda que genera en todo el mundo de que la justicia sea una herramienta posible. Me parece que está bueno que las asimetrías empiecen de una manera a tener más sentido. Y si el tipo que robó una gallina va preso, Massera debería estar en bastantes prisiones. Yo no estoy diciendo que este bueno robar gallinas (se ríe), lo que digo es que está bueno que esté preso Massera.
-¿Nunca sentiste la necesidad o el impulso de hacer justicia por mano propia?
-No, no.
-¿Por qué?
-Bueno, primero que no sería justicia. Ya la mano propia le saca el valor de justicia.
-Pero al no existir justicia...
-Sí, bueno, pero yo no construyo mi vida así. La destruyo. No sé construir así. No se me ocurriría. Para mí Videla no es el enemigo principal. Para mí los enemigos principales son los tipos que se enriquecieron el el 76. Los que pudieron sostener esto. Videla es un instrumento.
-¿Cómo pensás que tendría que ser recordado tu viejo? ¿Cómo te gustaría?
-Familiarmente nosotros lo recordamos en la intimidad. En lo público yo ya no lo manejo. Forma parte de los que le gustan lo que escribe...
-Insisto, ¿Cómo te gustaría que sea recordado?
-Así me gusta. Pero no pretendo algún recuerdo en especial, digamos, al que le gusta recordarlo leyendo en su casa, en privado, o como personaje o lo que sea, es válido. Me parece que la parte pública no me pertenece, no le pertenece a la familia. Es lo que él hizo para que lo lean, para que lo vean o para que lo sienta alguien anónimo que va a recibir lo que hizo. Nada más.


QUISIERA ESCRIBIRTE ALGO
Quisiera escribirte algo
quisiera decirte tantas cosas
recién ahora tengo lugar para acordarme
estuve ahogado en el silencio del horror
alguien detuvo nuestra relación para siempre
alguien apagó la luz
y no me dijeron para donde tenía que correr
pero corrí
quería contarte tantas cosas, qusiera preguntarte otras
corrí tanto que me olvidé de llorar por vos
“y por tu hijita querida” (como vos llamabas a Claudia)
corrí tanto que me olvidé de mi nueva hermanita.
Mis culpas de no haber llorado, hecho algo por ustedes,
se me hace más incomprensible que la realidad misma
quisiera abrazarte como nunca me animé a hacerlo antes
quisiera contarte tantas cosas Papá,
quisiera que me expliques todo esto
como han destrozado todo, de la misma manera
que han destrozado a nuestra familia.
Tu padre se murió de tristeza, tu madre
que se quejó toda la vida de nada, al fin tuvo motivos
y su cuerpo no se quejó más para siempre.
Tu hija Claudia se perdió junto a su esposo,
en esta ciudad mágica, donde desaparece tanta gente,
tu vieja casa de San Telmo ya no está más;
de tus amores sé muy poco
pero se algo de mamá quien fue tu Mujer;
ella supo apretar los párpados para no llorar
ella supo morderse con fuerza para no gritar,
y todos estos años nos soportamos en silencio
nuestras tristezas y nuestra soledad,
tu última mujer se perdió junto con vos,
en Mendoza, fue tan lejos...
Hoy de golpe tu nombre empezó a resonar
todo el mundo se acuerda de vos, Rodolfo y Haroldo
casi es como que está de moda y me molesta un poco
Mucho no entiendo, sé muy poco de tu vida
quisiera que me expliques todo esto
quisiera conocerte un poco más.
Tus conocidos y amigos se acuerdan siempre de vos
fuiste un ser muy querido
trato de hablar con ellos
para que me cuenten un poco más
quisiera que me cuenten de papá
quisiera que me cuenten lo que no me podés contar.
me quedé con muy pocas cosas tuyas
algún libro dedicado
tu saco y tu bufanda
quisiera tener más
quisiera haberte visto canoso
quisiera haberte dado nietos
alguien nos interrumpió
no nos dejaron disfrutarnos
no te dejaron hacer suficiente
les molestaba tu forma de ver las cosas.
Quisiera que me ayudes a crecer
quisiera no tener que escribir estas cosas
Te quiero PAPÁ.

JAVIER URONDO
(Publicado en revista CARAS Y CARETAS, Julio de 1984)


NOTA APARECIDA EN EL COLECTIVO Nº 6- JULIO/AGOSTO 2005

1 comentario:

icharusqualls dijo...

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