Revista EL COLECTIVO

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lunes, 15 de agosto de 2011

PUERTO SANCHEZ, REFUGIO DE PESCADORES


Por HORTENSIA TORRES

“Voy a calentar agua para el mate” dice al verme llegar. Él es poeta, pescador, artesano, conocedor del río y la vida en la isla como la mayoría de los habitantes del lugar. El “Beto” Martínez tiene su casita en la zona más alta de la barrancas del barrio Puerto Sánchez. Me acomodo en un sillón playero remendado con tela al lado de una canoa que tiene escrito en su costado “Los carachentos”, rodeado de lapachos, ceibos, sauces y aromos, mientras un par de gallinas flacas escarban las raíces de un cañaveral que sirve de cortina divisoria con la casa de los vecinos.


Son las tres de la tarde, la siesta paranaense parece detenerse en el paisaje costero. Sobre una altura de 50 metros frente al río, uno puede abarcar con la mirada los más de dos mil metros de ancho del correntoso Paraná.
Se ven pasar todo tipo de embarcaciones, piraguas, kayak, veleros, canoas a remos, lanchas, una draga arenera que trabaja en la zona. Hasta una barcaza que lleva el producto de la tierra o contenedores con camionetas 4x4 que navegan río arriba.
Mas abajo, en la orilla, chicos de entre 5 y 10 años juegan a arrojar piedras al río mientras otros tiran su caña mojarrera entre canoas de maderas amarradas a los sauces.
El Beto tiene alrededor de 50 años, pero aparenta más, posee la piel oscura por el sol del verano y reseca por el frío y el viento del invierno. Calza unas alpargatas bigotudas, que dejan ver sus dedos y una remera azul, que dice “Viví el río en Paraná”, regalo de la Secretaría de Turismo. Es además integrante de “Baqueanos del Río”, un grupo que brinda servicios de Turismo Cultural y Alternativo en la ciudad de Paraná. El Beto también posee un museo de la Costa pero, por falta de infraestructura, tiene guardadas las piezas en su propia casa. Por eso, cada vez que debe hacer presentaciones o muestras, se encarga de desenvolverlas una a una: “con el lógico deterioro de las piezas que fui juntando a lo largo de los años”, dice casi resignado. En esta época pareciera mucho pedir que los gobiernos de turno ayuden pero, pese a todo, sigue recopilando y atesorando un gran patrimonio cultural que representa la memoria de la costa.
Puerto Sánchez, está ubicado cerquito del balneario Thompson, al pié de la barranca del río Paraná. Tiene una vista privilegiada que es cita ineludible del turismo ávido de conocer la vida, el trabajo y la idiosincrasia de los habitantes de la costa.
Los que llegan hasta la zona, pueden disfrutar del color y el aroma del paisaje costero, charlar con la amable gente del lugar y luego acaso, comiencen a comprender la dura vida del sufrido luchador, del marginado poblador ribereño.
La mayoría habita el barrio desde su nacimiento, otros lo eligieron por el paisaje. Con una topografía muy particular, la gente fue colgando sus ranchos en la ladera de la barranca. Con las periódicas crecidas o inundaciones, varias familias fueron corriendo sus casitas a la parte más alta. Otras se fueron del barrio con el lógico desarraigo.



A la hora de hablar de los orígenes de ese añejo barrio de pescadores de la ciudad de Paraná, los relatos coinciden en que, en sus inicios, el lugar se utilizaba como puerto natural donde se cargaban palos, frutos y vacas. Fue conocido, primero como la falda del Morro. “El nombre varió con el tiempo a raíz de que la persona que cuidaba las tierras pertenecientes a Etienot, se apellidaba Sánchez” dice el “Beto”. Con el mate como silencioso testigo, me cuenta aquellas historias que fue juntando a través de relatos orales de pescadores que ya no están.
En un cuadernito de hojas amarillentas tiene anotados nombres y apodos de cada uno de los pescadores que vivieron y aún viven en el barrio Ahí uno puede leer: el “Tigre” Villalba, el “Negro” Murengo, Loa Páez, Sandalio Britos., el “Gringo” Acosta y María López, Aclara que este último es un pescador ya que antes los padres te anotaban según el almanaque.
“Acá todos nos conocemos por el apodo. Ese, es el lobizón”, dice mientras saluda con la mano a un pescador corpulento que está arrimando su canoa a la orilla.
Los vecinos de Puerto Sánchez sirven de inspiración a poetas y escritores, uno de ellos, Jorge Méndez, en su famosa canción pinta la idiosincrasia del vecino de Puerto Sánchez “…en mi Paraná, la canoa pescadora se deja llevar, un murmullo palanquero, un lento matear, un gurí descalzo juega, con arena nada más, se despierta Puerto Sánchez en mi Paraná.”…Allí abajo el río ilumina la vida, a pesar de la basura que arrastra por la costa. La isla bordeada de sauces con pegados camalotes a la orilla se mece con la brisa suave. De tanto en tanto, el canto de un zorzal, el chistido de los horneritos y el silbido de alguna calandria simulando el trino de otra ave, se cuela por entre los árboles y recuerda que el día está terminando.
Los yates, veleros y piraguas empiezan a volver a sus amarraderos. También los pescadores, después del último recorrido al espinel, comienzan a regresar en canoas y lanchas para entregar su magra cosecha a los acopiadores que esperan en la costa.
Por el oeste, el sol empieza a esconderse detrás de los edificios de la ciudad. Al Este, la luna llena se asoma sobre el río, su reflejo se cuela por entre las ramas de sauces y ceibos que bordean la costa de la calle del pescador. Antes de que El Colectivo partiera con la promesa de volver a sentir el paisaje del lugar, el Beto nos regaló unos poemas que escribió a un amigo y a sus vecinos, los pescadores:

Poemas de la Costa

Yo, que sé de madrugadas
de lento bogar aguas arriba.
Yo, que se de faenas de mallas
en las canchas de arrastre.
Yo, que compartí el mate amargo
y la polenta aguachenta.
Yo, que vi el sol amanecer
prendido a los espineles
sintiendo el tirón de los bagres.
Yo, que he leído en los rostros
penas y alegrías.
Te brindo mi homenaje
Hombre del Río.
Centinela de las islas. Para que sepa que no estás solo
¡pescador del PARANÁ!



A un Vecino de Puerto Sánchez

Los sauces lloran una lágrima más
por la muerte de José Giménez
Primero fue por su madre
luego fue por él.
Yo que me sentí su amigo
porque conocí su amor por el Río,
me apena por que haya muerto.
Muchas veces me contó las necesidades de volver.
De la manera de llenar al faltante
Plantando sauces en el terreno de su casa,
de la forma que se desangraba
cada vez que tenías que irse.
Y de las alegrías del regreso
al Puerto Sánchez o a las Conchillas.
A pesar que duermes allá lejos
Aquí en nuestro querido barrio
no te olvidaremos.
Ya formas parte de esta legión
de hombres, mujeres y niños
que desde el cielo nos acompañan
protegiendo a los costeros.
¡Qué en paz navegues!

(nota aparecida en la revista EL COLECTIVO de hace unos años)





1 comentario:

Lucas Prieto dijo...

Hola! Que tal? Excelente, disfrute mucho leyéndola y logre proyectar en mi cabeza montones de imágenes y conceptos mas que interesantes. Tanto es así que quería preguntarte si podías facilitarme el contacto de Beto. Soy estudiante de cine en la UBA y estamos buscando historias interesantes para documentar en junio y me parece que esta es una opción muy fuerte.
Espero que podamos profundizar el tema en una conversación. Te dejo escrito mi mail saludos y muchas gracias!

Lucas Prieto
Realizador Audiovisual
lucasprieto91@hotmail.com